Ya no existe ningún rumbo.
El presente del hombre y de su humanidad se ha transformado en una fisura rebosante de carencias y deseos que fragmentan al ser en espejismos perdidos dentro de la mente y su afán por temporalizar la vida, el existir, el ser y el tiempo.
Así, el futuro ya no es un lugar al que el hombre busca aproximarse con intención; al contrario, es un pretexto para vivir atareados y pretender ilusamente que los días pasan lentos y no aproximarse a mañanas apocalípticos, inciertos, tristes, difusos, difíciles… dolorosos y mortales.
Siendo aun más dramático, puedo comentar que ya ni siquiera queremos tomar el tiempo de pensar en nuestro rumbo humano. Labramos única y exclusivamente nuestro propio rumbo individual y orgullosos declaramos “nuestro” aquello que brota de este mientras congelamos nuestra libertad en frías manos de aquellos que nos explican cómo debe utilizarse la vida.
Y tal como entregamos nuestra libertad, entregamos ciegamente nuestro hacer, nuestro saber, nuestro creer y nuestro poder.
La imagen, reflejo de nuestro imaginar, ha sido prostituida en una orgia de ilusiones políticas y comercializables, mientras se le transforma en una esclava del mercado, en un títere desechable al servicio de aquello que ha sido puesto entre nuestros ojos y nuestra mente.
El arte y su hacer, asimismo, se ven transformados en náufragos confinados a nadar solos y separados el uno del otro en busca de islas inexistentes donde encontrarse y ponerse a manos del hombre y de su evolución.
A través del presente quiero manifestar el desprecio y el rechazo que habitan en mí hacia estas formas vagas y poco precisas de enfrentar la existencia humana y su responsabilidad de auto-transformarse y recrearse de acuerdo a aquel rumbo que sea capaz de visionar y que estime digno de su evolución.
Considero obsoletos los conceptos maquilladores de lo humano, como son el tabú, lo incorrecto, lo inaceptable, lo bizarro, lo innombrable y lo oculto; formas anticuadas y agónicas de ecualizar y modular la presencia humana en la mente, el alma y el cuerpo.
Desde el mismo espíritu contemplo con ansiedad la posibilidad de poner en la mente de cada humano la reflexión acerca de la propia ficción de su futuro y la reinvención de sí mismo, sus creencias, sus proyectos, su pasado y su presente. La posibilidad de, a través del manejo de la imagen renovar y expandir el manejo del imaginar. La obligación de preservar el conocimiento antiguo como herramienta transmutable desde su técnica y su arte… la visión de la tecnología realmente al servicio del hombre.
Una tecnología a favor de la unión del hombre, es la herramienta con la que podemos ya nunca más encontrar nuestro rumbo… es con aquello que podemos forjarlo.
Esa es mi visión.
Este es mi manifiesto.
December 2011
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Manifiesto Neo Tecno Futurista